El sospechoso Henri Falcón

Por Daniel Asuaje

La política es una de esos casos en los cuales el bien es a veces logrado a través del mal. No es que pensemos que las cosas de tal modo deban ser sino que así a veces son.

Hablar de lo que es sospechoso en Falcón es una buena ocasión para mencionar algunas cosas por su verdadero nombre. Sin duda que Falcón como cualquier otro político es persona sujeta a sospecha, entre otras cosas por dos razones: primero porque ninguna persona está libre de ella y, en segundo lugar, porque hay algunas personas que sospechan siempre de todo el mundo, son “mentes suspicaces” a tiempo completo.

La política es una de esas actividades que no deben ser realizadas por los monjes, así lo comprendió Mujica, Morelos, Camilo Torres y recientemente Bertucci también. Ellos entendieron que para buscar el poder debían dejar de pastorear almas pues el político como el comerciante, el administrador de justicia o de fondos públicos, los militares y tantas otras ocupaciones relacionadas con el poder, las finanzas, la fuerza y la justicia quienes las desempeñan nadan siempre sobre la línea gris entre lo blanco y lo negro de lo éticamente debido y esto no es materia fácil para muchas almas piadosas. Cuando la religión devino en política la virtud se convirtió en cuestión de estado y se hizo inquisición. El ayatola Jomeini también supo de ello. En nombre del cielo condenaron a sociedades a un infierno, lo mismo que el chavismo.

La cambiante realidad exige a un político ser adaptativo lo cual se riñe muy frecuentemente con la consistencia. La política es un clarísimo ejemplo de lo demostrado por el matemático Gödel: es imposible ser a un mismo tiempo enteramente exhaustivo y enteramente consistente. Por estas razones se torna imposible para un político ser moneda de oro y si lo fuera no debemos perder de vista que hay personas a quienes no les gusta el oro. Por ello habrá quienes valoren en Falcón su insistencia en el diálogo y la vía electoral, otros lo rechazarán precisamente por eso, porque les parecerá “sospechosa” tal insistencia.

La política es una de esos casos en los cuales el bien es a veces logrado a través del mal. No es que pensemos que las cosas de tal modo deban ser sino que así a veces son, lo que pone de relieve que la política es una de esas praxis particularmente polisémicas, cuando no enteramente equívocas por estar muy lejos de lo univoco que parece ser la condición de toda virtud.

Si bien pastorear votos no es cosa de monjes, tampoco es ajeno a la virtud. Decía Rousseau que la virtud no es otra cosa que la acomodación de las voluntades particulares a la voluntad general y en un país donde la mayoría desea una salida electoral y pacífica que Falcón busque votos entonces es una virtud (aunque para otros sea lo contrario).

A Falcón se le acusa de ser sospechoso por su pasado chavista, de ser una quinta columna y por ello de haber pactado con Maduro. Unos dicen que por ser candidato será premiado con una embajada en España o con la vicepresidencia en un gobierno de transición, otros, más acuciosos, que a cambio de la Presidencia acordó con Maduro la salida e inmunidad de este ante la justicia nacional e internacional.

Otros sustentan su rechazo a Falcón porque la comunidad internacional desconoce el proceso electoral convocado perdiendo de vista que tal postura es la respuesta anticipada a un esperado triunfo de Maduro. Si Falcón gana no imagino a la comunidad internacional exigiéndole que renuncie en beneficio de Maduro, la imagino concertando con el nuevo presidente.

Otros descalifican a Falcón porque participa en unas elecciones ilegales convocadas por una ANC ilegítima. El gobierno y todas sus hechuras son ilegítimas desde el 2012 cuando no se hicieron las debidas auditorías a los comicios presidenciales. Votar o no votar no es cosa de moral sino de estrategia política. Si votar en unas elecciones ilegítimas puede sacar al gobierno, creo que bien merece la pena hacerlo. Ya fuimos a elecciones ilegitimas en el 2015 y en el 2017. Ganamos las primeras y perdimos las segundas. En esta ocasión si el gobierno triunfa, fraudulentamente o no, nada ganará pues en sí mismo es ilegitimable, tendrá más del mal que ya lo mata, su suerte y la nuestra  será más tenebrosa. Si pierde y no reconoce su derrota transita el mismo camino pero más gravemente.

La maquinaria lava votos del madurismo depende de la abstención para ser efectiva. No es a prueba de aluviones opositores. Y en esto tienen razón quienes dicen que si la votación en contra no es masiva el régimen la tiene asegurada, pero ¿y si ganamos? Que este sea el resultado no es nada descabellado pues hasta Maryclen Steeling el pasado domingo admitió ante JV Rangel que hay que estar preparados para sorpresas en clara alusión a una eventual derrota de Maduro.

Confieso que yo también sospecho de Falcón. Sospecho que puede ganar, que de ganar recibirá apoyo internacional, sospecho que tiene un plan transicional, sospecho que es preferible cuatro años del peor gobierno que pueda darnos Falcón a seis años del mejor gobierno de  Maduro. Sospecho que puedo equivocarme pero prefiero hacerlo votando que equivocarme absteniéndome.

Fuente: El Universal