Por Jorge Alejandro Rodríguez Moreno

Todo apunta a que Latinoamérica podría definir en las próximas semanas el perfil de lo que será la tendencia ideológica predominante en el subcontinente. Las elecciones colombianas, mexicanas, brasileñas y venezolanas por venir, así parecen indicarlo.

En tres de estas elecciones gravita con fuerza un fantasma, el de Hugo Chávez, el teniente coronel que irrumpió en la vida política venezolana en 1992 y en la esfera continental en 1998

La herencia política de Chávez es aún controvertida para buena parte del electorado de estas naciones, las cuales siguen viendo con simpatía cierto tipo de discursos o de acción política que en los hechos se ha mostrado como una fábrica de miseria. Todo esto a pesar de la cobertura mediática que la situación de Venezuela recibe hoy día, con imágenes de pobreza, corrupción, migraciones y desplazados, y la cual cuesta mucho separar de los 20 años de revolución chavista, aun para sus más fervorosos defensores.

Sin embargo, ahí están los números. López Obrador encabeza las encuestas en México y Gustavo Petro ocupa la segunda preferencia del electorado colombiano, con un apoyo nada despreciable.

Es en este complejo escenario es en el cual se inscribe la convocatoria electoral venezolana, pautada para el 20 de mayo, y la cual se reconoce como un hecho político, cuestionable en lo jurídico, pero hecho político al fin y al cabo. El sucesor de Chávez, Nicolás Maduro, en singular jugada política y con un país cuya economía está en ruinas, adelanta en más de medio año la celebración de elecciones, inhabilita a la mayor cantidad de adversarios que le resulta materialmente posible y pretende así lograr ser electo para seis años adicionales de gobierno.

Las fuerzas democráticas venezolanas se han debatido entonces, entre participar en un proceso atropellado y con infinitos vicios de toda índole, o buscar una mayor deslegitimación del régimen por la vía de la abstención.

La experiencia histórica de las transiciones a la democracia indica que en la mayoría abrumadora de los casos, es la participación electoral el camino a seguir, más aun cuando el gobierno es rechazado por ocho de cada diez electores en medio de una pavorosa crisis hiperinflacionaria y de recesión económica. Una parte muy importante y cada vez mayor del electorado venezolano ha decidido según múltiples estudios de opinión, favorecer la participación y votar por Henri Falcón. Otra parte, importante sin duda, y crucial tanto para una irrebatible victoria electoral como para darle sustento a un nuevo gobierno, aún ve en la abstención el inicio del camino que pueda llevar a la democracia, contra lo que la experiencia histórica parece aconsejar.

Acá aparece entonces una reciente declaración del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, en la cual con la antigua expresión de separar la paja del trigo, dice que el candidato opositor venezolano Henri Falcón, fue la paja que se separó del trigo, declaración de la cual se sirvió el libretista Ibsen Martínez para unas líneas en El País de España. En este difícil trance por el que pasa Venezuela, no hay paja que separar del trigo.

Hay cizaña que no debe ser sembrada, y libretistas que deben entender que no es tiempo de telenovelas. Podríamos argumentar, jugando a la teoría de la conspiración, que Almagro, chavista hasta hace poco más de dos años, es un topo del castrismo. Pero no es momento de teorías alocadas. Está en juego el destino de una nación entera, esperamos del Secretario General Almagro y el libretista Martínez, respeto y consideración a las decisiones de quienes día tras día enfrentamos a este gobierno.

Nota al Pie. Una versión de estas líneas fueron enviadas al director de El País de España, Sr. Antonio Caño el 3 de abril pasado, en atención a la serie de artículos que contra fuerzas democráticas en Venezuela ha publicado orquestadamente dicho diario, entre otras bajo la pluma de Ibsen Martínez. A la fecha, El País de España presta oídos sordos.

Fuente: TalCualDigital