Por Simón García

La causa es el país. Para salvarlo hay que superar la crisis que lo destruye. No se le puede poner fin sin ponerle fin a Maduro. Y la vía realmente existente es ejercer masivamente el voto. Única opción para iniciar una transición pacífica hacia la democracia.

Algunos piden, porque creen que el régimen no pierde elecciones y si las pierde volteará los números, renunciar al voto en espera de un golpe, una invasión o una explosión social. Llaman a abandonar la lucha contra el régimen tal y como es.

En otra franja de opositores, está privando oponerse al cambio porque Falcón no les gusta. Sacrifican la causa por el candidato. Prefieren intentar bloquear la voluntad mayoritaria de castigar al régimen y dejar que Maduro nos siga martirizando. Si no es uno de ellos, que no sea nadie.

Resulta increíble que opositores a carta cabal trasladen su blanco de ataque de Maduro a Falcón y que su principal afán sea convencernos que Falcón no puede ganar. Restarle votos a Falcón crea condiciones de resistencia al cambio similares a las del ventajismo, las trampas y las mentiras del régimen. La coincidencia es incongruente y a los seguidores de la MUD les resultará difícil mantenerla.

Afortunadamente existe un significativo sector de opositores que se ha mantenido defendiendo la abstención como una presión para recortar el ventajismo oficialista y diferir la fecha, realizar los cambios en el CNE o asegurar la observación internacional independiente. Ante las evidencias de que el régimen no se va a negar a si mismo, lo más probable es que estos sectores decidan votar.

Otra franja de abstencionistas, cada día más inclinados a seguir a la mayoría, está indecisa porque aún no encuentra cómo solucionar el desajuste entre lo que le dicta su querencia y la línea adoptada por la organización en la que milita o con la cual simpatiza. Si encuentran la justificación para estar en paz con su conciencia sin romper la fidelidad con sus partidos, se decidirán a votar.

La última trinchera del abstencionismo derrotista es la de la legitimidad. Las teorías sobre la legitimidad democrática se basan en la aceptación que le dispensen los gobernados a los gobernantes. Toda acción que cuestione y refute el poder establecido, sea mediante el voto o mediante la abstención, no genera legitimidad. Adicionalmente es sabido que la mayoría de los gobiernos del mundo le niegan, a priori, legitimidad al gobierno de Maduro, ahora y después del 20 de marzo. La legitimidad no es el problema.

El hecho de que aún se pueda votar en Venezuela abre dos opciones. Una que se perpetúe un fraude que profundice internamente la crisis política y externamente acentué las sanciones sobre jerarcas oficialistas. Pero la otra es la de desbaratar esa maniobra de falsa legitimación por la vía de votar y ganar. La dificultad es el miedo a correr riesgos y emplearse a fondo en derrotar el fraude en las mesas y celebrar el triunfo en las calles.

La confianza en la estrategia electoral y democrática, en expresar la rabia popular y mesclar la lucha electoral con los problemas que padece la gente, la insistencia en las soluciones y en comunicar esperanza va a darle el empujón final a la votación por Falcón. Será suficiente para oficializar la derrota que ya la hiperinflación le proporcionó a Maduro, el culpable del hambre y la ruina general. La causa va a triunfar porque hay un candidato para votar y elegir.

@simongar

Fuente: Lapatilla