Recordemos que la política es el arte de lo imposible. Es una obra de teatro donde nunca se conoce el verdadero final. Lo que debemos hacer los venezolanos es trabajar juntos para tratar de evitar lo peor, y encontrar entre todos las soluciones que nuestro país tanto necesita.

Por Alvaro Montenegro Fortique

En una rueda amiga con algunos analistas y actores políticos de primera línea, estábamos analizando la situación electoral venezolana a un mes de las elecciones presidenciales, y haciendo una especie de paneo sobre las posibilidades que se presentan. A ver, los escenarios políticos que observamos “ese día y a esa hora” son muy parecidos, pero las consecuencias que pueden derivar de ello no lo son. A lo mejor mañana ocurre un evento inesperado, y todas estas previsiones que analizamos cambian.

El primer escenario, que salta a la vista, nos muestra que una parte de la oposición sigue llamando a la abstención, y otra parte llamando al voto. Razones tendrán de sobra cada uno de ellos, y argumentaciones no les faltan para defender sus posiciones. Sin tratar de emitir juicios de valor ni dar consejos, fácilmente concluimos en la rueda amiga que esta incoherencia sólo beneficia al gobierno. Tratar de digerir el mensaje de que el voto sí decide, y al mismo tiempo el otro mensaje de que el resultado de la elección ya está cantado porque hay trampas, hace mucho ruido en la mente del votante que está descontento con el gobierno, y lo confunde más en un entorno político ya de por sí borroso. En ese escenario el candidato del gobierno gana holgadamente, a pesar de contar con niveles de rechazo altísimos. La abstención es su gran aliado para ganar, pero en esa misma medida le resta legitimidad.

La discrepancia opositora está llegando a tales niveles que recibimos información de una fuente muy prudente que estuvo en la Cumbre de Lima, según la cual el vicepresidente estadounidense Mike Pence quería reunirse con la oposición, pero le resultó casi imposible porque algunos de sus representantes no querían sentarse juntos. Ya hemos visto en repetidas oportunidades cómo la falta de control en los egos políticos, puede hacer muchísimo daño a un país.

El segundo escenario dibuja una vuelta poco probable, en la cual un evento contundente hace recapacitar a la oposición y se unen sólidamente, para ir con todo a las elecciones o para retirarse, pero con una sola voz. Todos los pronosticadores afirman que sin una posición sólidamente unitaria, la oposición nunca podrá canalizar el gran descontento popular. Se apoyan en hechos anteriores como la elección a la Asamblea Nacional del 2015, en la cual la oposición tuvo una victoria contundente precisamente por ir muy compacta a los comicios.

Hay un tercer escenario en el cual espontáneamente, pese a la quebradiza posición opositora, el ciudadano decide votar masivamente por convicciones propias. El venezolano tiene una larga tradición electoral, probablemente la más constante de América Latina. Eso indicaría que Henri Falcón tendría mucho más chance de ganar las elecciones, a pesar de todos los obstáculos, ventajismos, disponibilidad de recursos, amedrentamientos, coerciones, intimidaciones, exigencias inapropiadas y otros elementos que el gobierno utiliza a su favor. En ese caso, si Falcón gana, se produciría un cambio inesperado en el juego político venezolano. Tendríamos que llegar forzosamente a entendimientos, para decidir cómo podemos cohabitar sin traumas ni violencias indeseables. Habría que comenzar por redefinir el período presidencial, porque resulta por lo menos impráctico mantener a un presidente en funciones y a otro presidente electo trabajando en paralelo durante casi diez meses, que es cuando termina el período constitucional del presidente Maduro.

Recordemos que la política es el arte de lo imposible. Es una obra de teatro donde nunca se conoce el verdadero final. Lo que debemos hacer los venezolanos es trabajar juntos para tratar de evitar lo peor, y encontrar entre todos las soluciones que nuestro país tanto necesita.

alvaromont@gmail.com

Fuente: ElUniversal