Por Rubén Osorio Canales
Para nadie es un secreto que desde que este régimen llegó al poder decidió acabar con la democracia utilizando las armas de la democracia. Que desde los inicios de estos trágicos casi veinte años el régimen decidió convertir cada proceso electoral en un vía crucis para la oposición. Que su propósito totalitario siempre fue no dejar espacios para la disidencia e ir inhabilitando tanto a líderes como a partidos políticos, porque su aspiración ha sido siempre el partido único. Una y otra vez y en cada proceso han ido creando las redes necesarias para entorpecer el voto y con ello la manifestación de la voluntad popular. Por eso, con el control absoluto del CNE, del TSJ, de la Fiscalía, de la Contraloría y ahora de la espuria constituyente, cambia normas, instrumenta atrocidades inconstitucionales, incrementa su desmedido ventajismo, inhabilita líderes, partidos, criminaliza la crítica y transforma todas sus acciones en un decreto de guerra a muerte contra cualquier atrevimiento electoral de la oposición. Todo lo cual sirve para que entendamos que el régimen no quiere que votemos.
Que en Venezuela hay una dictadura que vive de fraude en fraude y que continuamente viola la Constitución y los derechos humanos, lo saben, Almagro, Chinchilla, Quiroga, Pastrana, Macri, Santos, Felipe González, Temer, Varela, Kuczynski y Vizcarra, su sucesor, también lo saben Lenin Moreno en el Ecuador, y Tabaré Vásquez, aun cuando se haga el loco; los parlamentarios de sus países y los demócratas del mundo. Lo saben todos los que han luchado alguna vez contra una dictadura.
También lo saben aquí los dirigentes políticos que sufren y han sufrido el atropello dictatorial. Si algo hay que lamentar y poner en la lista de los errores de la MUD es que se haya abandonado el camino electoral cuando el pueblo, que padece los descalabros e injusticias del comunismo, necesita ver a su lado a los líderes en la batalla de todos los días, luchando codo a codo por sus derechos.
Por eso no deja de sorprender que líderes veteranos pasen por alto el valor que tiene, como insurgencia y rebelión, el escenario electoral, para reanimar la lucha de 80% de los venezolanos contra una trágica realidad creada por el régimen con la intención de destruir sus valores y someterlos. Un proceso electoral, aun convocado con fraudulentas intenciones, le permite a la oposición crear y conducir jornadas de resistencia, movilizaciones vigorosas, democrática, cívica y pacífica, en las que tienen que prevalecer las consignas contra la corrupción, la ingobernabilidad, el empobrecimiento, la desigualdad, la injusticia, la persecución política, la inseguridad, el desabastecimiento, la inflación, el costo de la vida y la miles de plagas que trajo el castro-comunismo, incluidos el chantaje de las CLAP, las agresiones de las OLP en los barrios, la falta de medicinas y alimentos y la represión.
Ese es el escenario y esas son las voces que el pueblo ha estado reclamando. Una protesta viva con denuncias de los atroces problemas que la mal llamada revolución ha creado y sus soluciones. El pueblo las ha querido escuchar y expresar, a pleno pulmón y en la calle, acompañado de sus líderes, porque es lo único que puede perturbar la enfermiza prepotencia del régimen. Nada tiene más fuerza que centenares de líderes recorriendo el país con esas denuncias en vivo. Nada une más a un pueblo y su liderazgo que la lucha de todos los días, codo a codo, en el rescate de una democracia herida de muerte. Se trata de activar la voz de la mayoría contra el desgobierno y, de paso, decirle a la comunidad internacional que, en este país, queremos un cambio pacífico que nos devuelva la democracia. Y la democracia es voto y participación.

Evitar que ellas entren en acción y tomen la calle, porque serían mortales para su subsistencia en el poder, ha sido la razón principal del anticipo de las elecciones para el mes de mayo por parte del régimen, pero por desgracia esto no lo han querido entender y mucho menos asimilar quienes han preferido tomar el callejón sin salidas de la abstención.

No me es posible entender y asimilar que algunos líderes que hicieron posible el retorno a la democracia y muchos de los que han movido la protesta en la calle y que alguna vez llegaron a la AN por el voto hayan olvidado que las llamadas revoluciones bananeras, como la que padece el país, son platos indigestos que se comen por pedacitos, que para luchar contra una dictadura hay que hacerlo en varios tableros al mismo tiempo y que uno de ellos, seguramente el más importante, es el proceso electoral, porque se hace en la calle, a plena luz del día, con emoción creciente y sirve para motivar y unir todo el descontento y, en nuestro caso, para demostrar que una mayoría cercana a 80% de la población, por rechazar y maldecir las políticas de Maduro, quiere un cambio.
Faltando tres semanas para que el movimiento abstencionista, la MUD, los partidos políticos que, aun estando todavía habilitados, decidieron no votar, colaboren con la reelección de Maduro, es bueno advertirles que Maduro no tiene la más mínima intención de renunciar, que solo si apareciera en las encuestas una clara evidencia de un triunfo de Falcón, respaldada con la emoción de la calle, hecho que, en honor a la verdad, todavía no se ve, el régimen podría suspender las elecciones, de lo contrario, las mismas se harán a la fecha y hora señalada por el CNE. No está de más recordarles que las condiciones electorales no mejoraron y no mejorarán, porque quienes gritan y reclaman esas mejoras no dieron una pelea contundente para lograrlo; advertirles que tampoco entrarán los marines, ni por aire ni mar ni tierra, como sueñan algunos. Que de muy poco sirve que diputados y líderes de la oposición anden por el mundo exponiendo a organizaciones internacionales la conveniencia de aplazar las elecciones, y que el apoyo de la comunidad internacional no solo no basta, sino que corre el riesgo de entibiarse, hacerse invisible y hasta desaparecer en el lenguaje siempre ambiguo de la diplomacia, si en todo el país las oposiciones no presionan con el pueblo en la calle a la dictadura.
Es bueno que, para clarificar sus mentes y ver mejor la realidad, lean con suma atención la resolución final de la recién concluida cumbre realizada en Lima, para que puedan entender que el apoyo de la comunidad internacional tiene sus límites.
El camino del voto está más vigente que nunca y espera por todos los que nos oponemos a las políticas del régimen y a sus perversas maneras de actuar. Habría sido deseable, por ético, democrático y participativo, que los dirigentes de todos los partidos de la MUD que tomaron el atajo de la abstención le hubiesen dado libertad de acción a su militancia, para enfrentar un día tan crucial como el 20 de mayo en el que está abierta la posibilidad de que Venezuela entre en una tenebrosa oscuridad, en la que la libertad si acaso será un sueño. Dios quiera que, como en las elecciones para la constituyente de 1952, el pueblo desobedezca y vote. Es siempre preferible que el régimen se vea obligado a hacer trampas y fraudes que terminan siempre degradando más su imagen, que dejarlo en el poder, a sus anchas y por varios años más, para que termine su tarea de destrucción total del país.

Fuente: ElNacional